
Señor, Enséñanos a Orar (Modo, No Método)
Lucas 11:1
Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, ENSÉÑANOS A ORAR, como también Juan enseñó a sus discípulos.”
Mira de cerca el corazón de lo que los discípulos pidieron: “Señor, enséñanos a orar”. Le estaban pidiendo a Jesús que los introdujera en la misma realidad que veían en Él: “¡Enséñanos a vivir en esta comunión! ¡Transmítenos este fluir continuo de vida e intimidad que Tú tienes con el Padre!”. No estaban pidiendo una fórmula fría y mecánica ni un libreto vacío para repetir.
Un Clamor del Corazón, No un Libreto Muerto
Si los discípulos simplemente hubieran estado pidiendo un ritual rígido, la oración modelo de Jesús no habría sido más que un libreto ceremonial para recitar mecánicamente. Tristemente, la repetición mecánica es lo que algunas tradiciones practican y enseñan, precisamente aquello contra lo cual Jesús advirtió:
Marcos 7:6–7
Respondiendo él, les dijo: “Bien profetizó de vosotros Isaías, hipócritas, como está escrito: ‘Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.’”
Esta apariencia externa no era lo que los discípulos buscaban, ni tampoco es lo que Jesús pretendía para el “Padre Nuestro”. Justo antes de compartir este modelo en el Evangelio de Mateo, Jesús advirtió explícitamente contra el peligro de convertir la oración en una recitación vacía:
Mateo 6:7
Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
Los discípulos habían crecido rodeados de líderes religiosos que montaban oraciones teatrales y legalistas en las esquinas de las calles. Habían visto una infinidad de “métodos” religiosos, ¡y estaban cansados de ellos!
Estos discípulos habían estado observando a Jesús. Vieron una intimidad pura, un poder sobrenatural y una comunión ininterrumpida con el Padre. Sus corazones tenían hambre de esa realidad viva. Anhelaban un MODO, no solo un MÉTODO.
Un Nuevo “Reordenamiento del Ser”
El diccionario Webster define la palabra “MODO” de una manera única:
“Una manifestación, forma o reordenamiento del ser; específicamente: una forma o manifestación particular de una sustancia subyacente”.
La oración Bíblica no es un método externo y mecánico; es un MODO de vida: un reordenamiento completo de nuestro ser interior hacia una postura activa de comunión con el Dios vivo.
El Poder del Espíritu: Más Allá del Intelecto Humano
Jesús no los dejó a ellos —ni a nosotros— tratando de descifrar esto en nuestras propias fuerzas humanas. En ese mismísimo capítulo de Lucas 11, Jesús lleva Su enseñanza sobre la oración directo a su conclusión más contundente y poderosa:
Lucas 11:13
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?
Lucas, quien escribió tanto el Evangelio de Lucas como el libro de Hechos, destaca una progresión clara en Lucas 11:
- El Padre nos invita a pedir, buscar y llamar apasionadamente.
- El Padre es bueno: Él nunca les da piedras, serpientes ni escorpiones a los hijos que piden pan, pescado o huevos.
- El regalo del Padre para quienes le piden es la Promesa del Padre: el Espíritu Santo mismo.
Lucas conecta esta Promesa directamente con el Día de Pentecostés y el derramamiento de la Promesa del Padre del Espíritu Santo:
Lucas 24:49
He aquí, yo enviaré la PROMESA de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
Hechos 1:4-5
Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la PROMESA del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.
Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
Hechos 2:33
Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la PROMESA del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
Hechos 2:38–39
Pedro les dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la PROMESA, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”
Orando con el Espíritu
Este don del lenguaje de oración del Espíritu Santo nos introduce en un nuevo “MODO” de oración. ¡Ponte a pensar en esto: cada sílaba del lenguaje de oración en lenguas está absolutamente y perfectamente alineada con la voluntad de Dios! ¡Guau, qué tremendo poder!
Romanos 8:26–27
Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
Pablo dice que nos “edificamos” (o “recargamos”) a nosotros mismos cuando oramos en lenguas. Judas concuerda y dice que específicamente nos edificamos sobre nuestra santísima fe y nos conservamos en el amor de Dios porque el Espíritu Santo derrama el amor de Dios en nuestros corazones (Romanos 5:5):
1 Corintios 14:4
El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica…
Judas 1:20–21
Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios…
No es de extrañar que el apóstol Pablo—una potencia dinámica e imparable en el Reino de Dios—declarara con tanta audacia:
1 Corintios 14:18
Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.
Querido Jesús,,
Sacúdeme de los “métodos” y de las trampas de la complacencia religiosa, y pásame al “MODO” de una vida de oración sincera. ¡Que haya un “reordenamiento” total de todo mi ser hacia una comunión real y auténtica contigo! Gracias, Jesús, por el Bautismo en el Espíritu Santo y por el don espiritual milagroso de un lenguaje personal de oración.
Amado Espíritu del Dios Vivo, ¡levántate y fluye dentro de mí ahora mismo como Ríos de Agua Viva (Juan 7:37-39)! Líbrame para siempre de los “métodos” religiosos fríos, rígidos y gastados. Sumerge mi vida en el “MODO” vibrante y continuo de comunión ininterrumpida con el Padre Celestial, caminando exactamente en el mismo espíritu de comunión íntima en el que Jesús caminó cada día (Hebreos 5:7).
Señor Jesús, así como Tus discípulos clamaron a Ti hace tanto tiempo, hoy hago esa misma súplica apasionada:
¡Enséñame a Orar!
En el Nombre de Jesús, Amén.
